jueves, 3 de junio de 2021

Estar contentos hoy sin olvidar el pasado

Acabo de leer hace un rato dos entradas antiguas que había escrito aquí. Estoy haciendo un mantenimiento de mi blog, y quise releer esas dos en particular. 

En una de ellas escribí sobre Alfonso Reyes y el arte de la cocina. En la otra hablé sobre la experiencia plena del acontecer cotidiano, a partir de una reflexión de la pluma de G. K. Chesterton. 


Los dos autores pensaron de forma muy original respecto a nuestro modo de saborear cada momento. Es curioso que mientras uno ambientó su ensayo en la cocina, el otro haya considerado el sabor de un pudín. ¿Por qué será?

Si lo pensamos un poco diríamos esto: 

"cada momento puede degustarse como se prueba un postre nuevo o como se saborea un vino que probamos por primera vez". 

¡Eso es suficiente!

... Pero ¡espera! ... ¿lo es? No cabe duda que ser conscientes de que cada instante es algo único que conviene atesorar sería excelente. Sin embargo hay más. 

"¿Más, dices?" quizá te encuentres ahora preguntando. "Sí, claro que hay más" te contestaré.

¿Disfrutar el presente es todo lo que importa para ser feliz?



Es probable que hayas visto muchas veces esa idea, expresada con esta frase o alguna muy similar (probablemente atribuida erróneamente a Borges, Shakespeare o incluso al papa Francisco):

Vive cada día como si fuera el último de tu vida, pues alguno lo será.

Cuando leo algo así pienso: 'sería muy triste si lo vivo solo'. ¿¡Ves ahora cómo no siempre es suficiente!? Volviendo al inicio de esta reflexión, ¿qué puede hacer aún mejor un gran pudín, o al pastel que jamás has probado antes, o al delicioso vino nuevo? Obvio, la compañía.

Seguro que tú también saboreas con más ganas un postre si, mientras lo pruebas, disfrutas una conversación agradable con un buen amigo. Y los atardeceres, muy hermosos aunque estemos solos, con la persona correcta a nuestro lado se vuelven inolvidables con facilidad. La compañía, la amistad, el amor, ... hacen al tiempo bastante más que un momento único: lo vuelven eterno

No significa todo esto que sólo los momentos que pasamos acompañados sean valiosos. A lo mejor es raro, pero hay momentos únicos que me gusta guardar sólo para mí precisamente porque fueron únicos. 

En cualquier caso, hay algo más que en cierto modo nos acompaña siempre a todas partes: el pasado.* No solo nuestro pasado, sino el pasado: todo el pasado, en general. 

El pastel y el vino existen porque alguien ya los ha preparado. El amigo con quien lo disfrutamos (o en quien pensamos, porque tal vez no nos acompaña) es nuestro amigo por lo que hemos vivido juntos. Y así, sucesivamente

Y aunque valorar el tiempo no se trata de vivir pensando siempre en el pasado, tampoco se trata de despreciarlo. Ante el pasado caben al menos dos actitudes opuestas, cuyo efecto -como es lógico- será el contrario en cada caso: 

O consideramos al pasado como algo vano para nuestro presente -que simplemente nos pasó**- y comenzamos a sentir amargos los frutos dulces del tiempo vivido. O echamos luz y desenterramos el tesoro de nuestras experiencias, alegrías, compañías, aprendizajes y tantas otras cosas que nos han cambiado, y lo saboreamos sin olvidar que también hemos dejado nuestra propia huella cada uno de esos días

Así pues... ¿cómo quieres vivir a partir de ahora tu presente... y tú pasado? Que a fin de cuentas algún día serán lo mismo: el tiempo que ha pasado

___

* Esta idea se parece un poco, justamente, a la del texto Metafísica de la cocinera de Alfonso Reyes.

** Y esto es como lo que dice Chesterton sobre el pudín que comemos y saboreamos con alegría o que simplemente lo engullimos sin más, o sobre el ático al que podemos observar poéticamente o como si fuera simplemente un ático sin encanto alguno.


 * * * 

Nota: No se me habrían ocurrido algunas de estas reflexiones sin lo que me ha hecho pensar Pedro David, mi hermano, sobre algunos temas de los que hemos platicado. Esta breve reflexión se la dedico a él. 

martes, 29 de enero de 2019

¿Qué pasó en la semana?

La última entrada en este blog la publiqué el domingo 20 de enero. Desde entonces no he tenido el tiempo para escribir una nueva. Se me ha ocurrido ponerme al corriente hablando sobre los acontecimientos más importantes de la semana.
De una parte, en el mundo han ocurrido sucesos muy relevantes: Desde la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá con la visita del papa Francisco al país centroamericano, hasta la crisis en Venezuela derivada de la toma de protesta de Guaidó ante la Asamblea Nacional de su país, con la oposición de Nicolás Maduro que hasta ahora ostenta la mayor parte del poder militar, económico y político, aunque su legitimidad resulta cada vez más cuestionada. Ambos acontecimientos en América Latina, la ponen en el centro de atención de la comunidad internacional; sin embargo, muchos países tienen sus propios problemas internos como para preocuparse demasiado por Latinoamérica.
En Francia, por ejemplo, continuaron irrumpiendo protestas sociales de los "chalecos amarillos" contra los aumentos de impuestos y el programa económico del presidente Emanuel Macron. La migración es otro tema que preocupa mucho a los europeos, y por si acaso esto fuera poco, está también la situación del Brexit que no acaba de resolverse, sin siquiera un acuerdo aceptado por todos. Aún así, la Unión Europea se ha dado el tiempo para dar un ultimátum de ocho días a Venezuela para que convoque a elecciones.
Por otra parte, en mi familia, mi abuelo paterno cumplió 84 años de edad. Da mucha alegría ver el cariño que se ha ido gestando a lo largo de sus años de vida junto a mi abuela y luego con sus hijos, aunque estoy seguro de que extrañó a su hermana que vivió junto con él y mi abuela hasta que murió, el año pasado. Haríamos bien en recordar más a los grandes a nuestro alrededor, pues hay tanto que aprender y escuchar de ellos, que el tiempo es poco.

viernes, 18 de enero de 2019

Tecnología, información y creatividad

¿Cómo afecta la tecnología al proceso creativo ahora que, supuestamente, es cada vez más fácil gestionar la información y compartirla a la vez? El mismo servicio que utilizo en este momento para escribir y luego compartir lo escrito vía Internet, para todo aquel que quiera leerlo, sirve de ejemplo.


Sin embargo, mucha gente en el mundo aún no tiene acceso a Internet. Además, algunos países, como China o Corea del Norte, censuran y bloquean muchísima información, aunque de manera tangencial o mínima, desafíe o critique al régimen. Esto sin tomar en cuenta que lo humano es perecedero por naturaleza. 

Para quienes no tienen acceso a Internet o teléfono privado, la información resulta más difícil de compartir y administrar cuando padecen regímenes autoritarios. Aún así, cada vez es más fácil acceder a la tecnología, a la información y al conocimiento; lo cual plantea preguntas, retos y oportunidades nuevos. 

Una de estas preguntas-reto: ¿cómo afecta a la creatividad la mayor facilidad para compartir, obtener y gestionar información? Primero habrá que tener claro qué es información. De esto continuaré escribiendo en una próxima entrega.

jueves, 17 de enero de 2019

Diálogo, palabra del día

¿Qué podemos decir sobre el diálogo? 


En primer lugar, que es una actividad que realizan dos o más personas. A la acción similar que lleva a cabo una persona sola, se le denomina en cambio monólogo.

Una manera de entender qué es el diálogo, sería considerarlo como un juego. En un diálogo los participantes manifiestan sus ideas alternadamente, y esa sería una de las reglas del juego: la alternancia. En este caso, cada jugador participa por turnos, así que se le puede tratar como un juego estratégico

Sin embargo, existe una excepción respecto a la regla mencionada. El diálogo literario, en el cual la plática no es real y, por lo tanto, el autor acapara la atención. Aquí el diálogo real ocurriría solamente en la imaginación del lector, entre él y el autor.

Ejemplos excelsos de diálogos literarios los encontramos en los Diálogos socráticos de Platón. La finalidad de esos textos socráticos era la mayéutica: engendrar ideas sucesivamente hasta alcanzar la verdad.

Si tratamos el diálogo como si fuera un  juego estratégico, esperaríamos que los jugadores tuvieran algún objetivo al participar. Justamente, eso hace realmente diferentes a todos los diálogos: para algunos el fin en un diálogo puede ser pasar el rato; para otros, hablar de intereses en común; o, en otro caso, convencer o persuadir a alguien.


Una tercera acepción del término, según la RAE, denomina a cualquier «discusión o trato en busca de avenencia». Y la misma RAE, define «avenencia» como convenio; es decir, pacto o acuerdo; transacción; esto es, transigir o negociar; conformidad; o concordia o adhesión; y por último, unión.

La táctica para promover la paz mediante el diálogo 


En conclusión: dialogar no es una actividad solitaria o que lleva a cabo una persona aisladamente, sino que entre a más personas involucre, más contribuye a la formación y consolidación de una comunidad. Pero solamente dónde hay un diálogo que acoge también las ideas del otro, será posible realmente alcanzar este fin, y con ello promover la paz.